1 de junio de 2011

En el XXVII Aniversario de la Coronación de la Esperanza II



En esta segunda parte les muestro diversas paginas y artículos publicados en la prensa de entonces con motivo de la Coronación de la Esperanza. Como puede leerse en varios de ellos, el acontecimiento estuvo previsto para el mes de mayo de 1983, pero como la concesión fue aprobada en abril de dicho año y la Bula Pontificia que la autorizaba no recaló en Sevilla hasta el mes de septiembre, se acordó coronar a la Esperanza en la jornada del 2 de junio de 1984. Aquí les dejo los siguientes 14 artículos de mi archivo, que en buena medida reflejan la historia y el amor que conllevaba aquella Coronación inolvidable.






























*Agradezco la cesión que para mi archivo ha hecho mi buen amigo D. Juan Ignacio Sánchez Rico de estos artículos de prensa de la época.

Padre mío, Padre nuestro...

El Stmo. Cristo de las Tres Caídas encarna en su bendito rostro todo cuanto esperamos de Dios. Su estampa mantiene siempre viva nuestra fe, porque sus ojos son como un espejo donde renovamos nuestras fuerzas cada día. Como Padre, como Dios hecho Hombre, el Stmo. Cristo de las Tres Caídas es un verdadero nido de amor donde el tiempo se detiene sin mayores rodeos. Su mirada es tan sumamente bondadosa y su semblante tan profundamente dulce que nos hace sentir perdonados cada vez que nuestras miradas se convergen.

Por eso, al verlo, al contemplarlo, todas nuestras dudas acaban respondidas: la Caída, la mano apoyada, la mirada clavada en el suelo, la cruz torciendo su espalda, la rodilla hincada en el pavimento, el alma encogida, el cuerpo agotado... Cristo Divino y Padre humano, que se entrega por cada uno de nuestros pecados sin juzgar lo que hicimos. Es todo cuanto esperamos de Dios: su amor para curar nuestros defectos; su perdón para costear nuestros errores, y su entrega para enseñarnos el camino...

Por eso, mi Dios se encarna en el Stmo. Cristo de las Tres Caídas. Es la Imagen que llena cada rincón de mi alma y es quien siempre me refuerza cuando mis fuerzas fallan. Es pilar insustituible de mi fe, donde su mano me acaricia y me perdona, donde su mirada me hace comprender la vida que no entiendo y donde sus labios me hablan y me ofrecen el mejor consejo... Todo lo encuentro en Él, porque Él me lo entrega todo: la ternura del buen Padre, el amor de Dios entregado, la bondad del Corazón más puro, la sangre del sacrificio más obediente y el acto de entregar la vida sin pedir nada a cambio. Ese es mi Dios, en Él identifico al Padre, aquel que bendice con su mano este suelo de Triana y, sin fuerzas siquiera, es capaz de llevar al Cielo esa cruz que porfía en derrumbarlo. Él y solo Él, mi divino y humano Maestro, mi Señor de las Tres Caídas, Padre mío y Padre nuestro...


"Quisiera besar tus manos

y ayudarte, Señor, en tu carga,

que no hay más Dios soberano

que Tú, aunque Tres veces caigas

en este bendito Calvario

que es tu barrio de Triana"

La Esperanza en versos de Rodríguez Buzón



"Igual que un faro de amor

eres Virgen soberana;

igual que un faro de amor

que el mismo Dios cuida y guarda

junto a la orilla del río

más luminoso de España

y entre las costas celestes

y la tierra sevillana,

para calmar sus dolores,

para consolar sus lágrimas,

para abrir nuevos caminos

en la oscuridad del alma,

para hacer limpia y sencilla

la devoción que te aclama,

para coronar las flores

la luz de cada mañana,

para aumentar su color

bajo tu dulce mirada,

para hacer su aire perfume

y suspiro su plegaria,

y para verte en ella

todo el caudal de tu gracia

al ondear la bandera

de tu bendita Esperanza"



"Igual que un faro de amor

eres Virgen soberana,

más bonita que el jazmín,

más limpia que el agua clara,

más pura que la azucena,

más luminosa que el alba,

más primavera encendida

que la que da rosas granas,

más gitana que la torre

morenita de Santa Ana,

y más hermosa que el Sol

que con su reflejo abrasa"



"Igual que un faro de amor

eres Virgen soberana,

Madre de los marineros,

Señora de la arrogancia,

orgullo de San Jacinto,

repique que nunca acaba,

canción de nuestra alegría,

puerto y altar de la Cava,

nave segura hacia el Cielo

y Esperanza de Triana"

La Esperanza...

"Vivo en un barrio que se llamaría Esperanza si no fuera porque Dios quiso ponerle Triana"

(José María Rubio, del Pregón del XXV Aniversario de la Coronación)


La Esperanza... Así la llama el pueblo de Sevilla. No necesita más presentación, solo así es suficiente para haberlo resumido todo y, al mismo tiempo, haber alcanzado la Gloria. Y es que, aunque sus mejillas sean bañadas por cinco lágrimas, su semblante siempre nos conducirá al Cielo... A la Gloria...

La Esperanza... La Esperanza lo es todo para el cristiano y lo es todo para el devoto que la contempla cautivado por el sueño de su mirada. Su tez morena describe los atardeceres en la cava de los gitanos; sus manos hablan de amor y de consuelo, manos de Madre, que como suave caricia, se posan en el hombro del devoto que le reza ofreciendole su pañuelo de pureza infinita. Sus mejillas son como un oceano de brisas, en el que surcan cinco olas en forma de lágrimas, que buscan esa orilla trianera que desgrana el borde hermosisimo de sus labios. Y su mirada... Su mirada no tiene limites ni fronteras, ni comprende de relojes ni de tiempo, ni de noches ni de días, porque es mirada de eternidad, y como tal, solo se comprende gracias a la mano del Creador. Si los ojos son el espejo del alma, la Esperanza contiene el corazón más grande del universo. Si esas púpilas hablasen nos describirían el amor de su barrio y el amor de una ciudad que ya no entiende de puentes ni de ríos, ni de puertas ni murallas... Amor que no encuentra topes, porque todos los puertos llevan su mismo nombre: Esperanza.

En la profundidad de esos ojos negros se han reflejado labores de ceramistas amparados bajo su verde manto. Se han reflejado oraciones de marineros que con sus buques anclados frente al Puente de Triana venían a iluminarla cada Madrugada de Viernes Santo. Se han reflejado plegarias de vecinos trianeros que siempre buscaron en Ella el consuelo de la Madre que nunca les dejó y nunca les dejará, "porque mientras viva su Esperanza, Triana siempre estará viva". En esos ojos, espejos de la belleza más profunda, se han mirado los privados de libertad cuando el Pópulo era cárcel de sentimientos al paso de su Esperanza. ¿Hubo alguna vez un pañuelo que secase más lágrimas?...

Esos ojos infinitos, los más bellos de esta tierra, se han estremecido cada vez que Fernando acudía a vestirla en medio de un sinfín de piropos. Si esos ojos hablasen... Nos contarían cuántas veces se levantó el Cristo al verla llorar en su encuentro...

El pueblo presume de sapiencia cuando llama a las cosas por su nombre. De este modo, a la Virgen del Patrocinio la llamó "La Señorita", debido a su delicadeza y a su finura, al Silencio como la "Madre y Maestra", por su caracter y su antigüedad, y a Ella, "La Esperanza" porque tan profundo título tan solo cabe en tu soberano rostro. Porque aunque existen otras Virgenes con este mismo nombre, Sevilla no las llama así: la Trinidad, la O, San Roque, la Macarena... Y en Triana, la Esperanza, sin más.


"Llena de bienaventuranza

bajo palio de amor,

toda la Gloria alcanzas

por ser la Madre de Dios

y de Triana, su Esperanza"

¡Viva la Esperanza de Triana!



En esa frase se resume todo el sentimiento, toda la fe y todo el amor que levanta la Esperanza de Triana en el pueblo de Sevilla. Es el grito que brota de la emoción más profunda, la que sale desde dentro del alma y la que contiene mayores dosis de pasión hacia la que es pasión de un barrio que no acaba en el río, ni en la Giralda, ni en ningún sitio, porque Triana no conoce fronteras en esta ciudad de la gracia.

¡Viva la Esperanza de Triana!... Y así es, porque así nace y se describe el amor de un pueblo hacia su Virgen más bella. Vivas que salen de dentro del corazón, de su rincón más sensible, y que eclosionan de improviso en medio del júbilo desbordado que causa la Esperanza por cada calle que pasa. Vivas en Pureza cuando la Virgen sale y se reencuentra con su pueblo, su barrio, su gente... Vivas bajo los sueños de miles de petalos que van besando su palio en la Madrugada del Viernes Santo, mientras sus ojos se clavan en los nuestros y perdemos la noción del tiempo... Vivas al amanecer y al regreso hacia su barrio, en el primer rayo de sol que le espera en el Postigo, para que la mañana se convierta en ascua de oro a las puertas del Baratillo. Vivas en el Pópulo rememorando saetas carceleras que ahora brotan del cielo dentro de esa recobrada libertad que conquistaron las almas de aquellos que se agarraron a la mano de su Esperanza, a través de la soleá y de la reja de la cárcel...

Vivas en el Altozano, ante el delirio de su barrio, "que se llamaría Esperanza si no fuera porque Dios quiso ponerle Triana", y en Santa Ana, desde la garganta muerta de un hombre que encuentra en la Virgen la voz que durante el año le falta. Vivas en Pureza, a las puertas de su Capilla, donde el Padre Cué la encontraba "más bonita cada día, más bonita cada día" en el libro que él mismo tituló igual que este blog: ¡Viva la Esperanza de Triana!...

Y así, con ese grito puesto en el cielo, Triana levanta a su Esperanza y la pasea por las dos riberas del Guadalquivir. Nunca se reflejó tanta hermosura en las aguas del río. Nunca el sol se vió tan deslumbrado. Nunca la mañana fue más trianera. Nunca la Giralda envidió tanto a la torre de Santa Ana. Por Ella... Por la Esperanza...


"Se hizo de luz la mañana

y el Sol te besó con su luz;

Sevilla te hizo su Capitana

porque no vió Reina como Tú,

¡Viva la Esperanza de Triana!"